Lo que aprendí de la tendinitis

Carlos Vicent Tendinitis

Cualquiera que trabaje con una parte de su cuerpo que pueda verse afectada por una lesión, sabrá hasta que punto un pequeño problema puede convertirse en una pesadilla, a nivel físico y psicológico. En concreto, los músicos somos un grupo con alto riesgo de desarrollar dolencias en diferentes puntos del cuerpo. La repetición exigente de movimientos forma parte de nuestra cotidianidad, y si no somos cuidadosos no es difícil que acabemos por hacernos daño. Hay muchas posibles lesiones, pero la tendinitis parece ser la más común y especialmente problemática.

La primera vez que me enfrenté a ella, fue como si me hubieran detectado un tumor. Una auténtica tragedia. Sólo bastó un mal ángulo en la mano izquierda, que sumado a un periodo de práctica intensa derivaron en una muñeca hinchada y dolorida. Así, me vi obligado a un retiro forzoso y asistir a rehabilitación durante unos meses. Ese tiempo alejado de las seis cuerdas se tradujo en un periodo de reflexión prolongada, en el que aprendí mucho sobre mí, tanto en lo personal como en lo musical. Estas son las lecciones que me regaló la tendinitis.

CUIDA DE TU CUERPO
•  Calentar y estirar. No importa si eres músico principiante o profesional, un rutina de calentamiento basada en estiramientos progresivos debería ser tan natural como lavarte los dientes. Empezar el día tocando cosas menos exigentes también es una actitud inteligente. El sentido común se impone: siempre de menos a más.
•  Hacer deporte. No sólo las manos o los brazos corren riesgo de lesión. Espalda, cuello entre muchas otras zonas, se encuentran desprotegidas si llevamos una vida sedentaria. El ejercicio suave y regular es recomendable para todo el mundo, más si cabe si te tiras sentado en una silla diez horas al día.

TEN CONSCIENCIA CORPORAL
•  Vigilar la postura. Esto debería formar parte de cualquier correcto aprendizaje. La higiene postural hay que cuidarla hasta el punto de no tener que pensar en adoptar la posición idónea. Tu esquema corporal correcto es el que menos tensión implique, el más natural.
•  Medir la fuerza. Es necesario aprender a calibrar la cantidad de presión necesaria en los distintos tipos de ejecución. Esto es especialmente importante cuando nuestra atención está centrada otra actividad como leer una partitura, improvisar sobre unos cambios o ensayando en un grupo. Es común que suceda que desconectemos ese testigo y empecemos a acumular tensión.
•  Diferenciar los tipos de dolor. Este punto es de gran importancia. Hay veces que sentiremos ciertos dolores. Hasta cierto punto esto es inevitable, pero hay que aprender a identificar si tienen su origen en el cansancio del esfuerzo (como si hubiéramos hecho deporte) o a una sobrecarga que pudiera derivar en lesión.
•  Respirar bien. A menudo e inconscientemente, frente a una dificultad contenemos la respiración o llevamos un ritmo entrecortado y/o forzado. El sistema nervioso se puede regular y calmar tan solo llevando una respiración adecuada, cosa que favorecerá enormemente toda nuestra actividad musical.

TEN LA ACTITUD CORRECTA
•  Desarrollar la paciencia. Puede ser muy frustrante afrontar el hecho de que no vas a poder tocar durante un tiempo. Los milagros no existen, así que se presenta una buena ocasión para recordar que todas las cosas que merecen la pena toman tiempo, y curarse bien no es una excepción.
•  Mantener la positividad. Es tremendamente atractivo, dejarse llevar por el desánimo y hacerse el miserable. Pero esa actitud en ningún caso va a contribuir a solucionar el problema y seguir adelante. Permanecer activo y positivo es totalmente imprescindible para superar cualquier dificultad, en este caso no es diferente.
•  Valorar lo que tienes. Muchas veces no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos. La oportunidad de hacer música es un regalo de la vida. Aprender, practicar, mejorar y poder expresarte con un instrumento son auténticos privilegios. Tenlo siempre presente.
•  Ser Proactivo. Si sientes que después de un periodo de tiempo prudencial algo va mal, pide ayuda profesional. Cuanto antes se identifique el problema antes se puede poner remedio. No esperes más a tomar la iniciativa.

TÓMATE UN DESCANSO
Estar un periodo sin tocar es algo beneficioso y motivador. Verse obligado a hacer un alto en el camino es una magnífica oportunidad de ver las cosas con más claridad. Saca partido de ello.
•  Evaluar tus objetivos. Se Reflexivo. Este es el momento perfecto para echar la vista atrás y ver lo que has logrado, y también para mirar adelante y planear a donde quieres llegar.
•  Escuchar música para aprender de ella. Cuando dedicamos tanto tiempo a tocar o estudiar, es normal que nos falte tiempo para escuchar otra música. Vuelve a discos antiguos, descubre nuevos trabajos, prueba con otros estilos, se ecléctico y nutre tu imaginación.
•  Diversificarse. Desarrollar actividades no musicales, es tan necesario como el propio tiempo que invertimos en formarnos como músicos : Lee, viaja, ve películas, relaciónate, asiste a exposiciones, conciertos o cualquier cosa que te inspire. Cuando vuelvas a tu instrumento lo vas a notar.

NO SEAS MECÁNICO
Es muy fácil olvidar que la música la hace el cerebro, no las manos. Trabajar sin instrumento es una buena forma de recordar que las manos deben seguir a nuestro oído, y no al revés.
•  Entrenar el oído. Bien sea mediante dictados, transcribiendo o haciendo ejercicios específicos para mejorar nuestra capacidad auditiva.
•  Memorizar material necesario. Hay un número de conceptos que hemos de aprender para tener referencias utiles en la práctica musical. Conceptos como identificar las notas en el trastero, conocer las alteraciones de cada tonalidad o los intervalos contenidos en las escalas, son elementos imprescindibles e idóneos para trabajar en esta situación.
•  Aprender teoría.  Si no puedes usar tus manos, abre un libro o toma unas clases de teoría. Aprende algunos conceptos que puedas aplicar cuando vuelvas a tu instrumento.
•  Ejercitar la visualización. Pon a prueba tu memoria fotográfica dibujando o formando imágenes mentales de los diagramas que posteriormente llevarás al mástil.
•  Leer partituras o cifrados armónicos. Quizá esta sea la oportunidad que estabas esperando para aprender a solfear o a analizar progresiones sobre el papel.
•  Transcribe. No hace falta usar tu instrumento para transcribir. Si no sabes como escribir una partitura puedes reconocer melodías y grabarlas con un móvil simplemente entonandolas. Lo importante no es ponerlo en papel, si no reconocer sonidos y ritmos con el oído.
•  Cantar. Aunque no seas cantante, ni tengas facultades como vocalista, prueba a utilizar el instrumento con el que naciste. Entonar es una experiencia reveladora, y una forma genial de afinar el oído.
•  Probar nuevas formas de componer. Si tu rutina creativa consiste en ponerte a tocar hasta que encuentres algo que funcione, encontrarás que prescindir de tus manos te hará hallar otros caminos. Diferente siempre es positivo.

CONCÉNTRATE EN LO ESENCIAL
•  Evaluar tu avance.  Valora de manera realista el camino recorrido en los últimos meses. Toma nota de aciertos y errores. Pararte y tomar distancia ayuda a ver las cosas con perspectiva.
•  Planificar tus objetivos.  Traza un plan que sea una línea directa desde el punto en el que estas hacía el que quieres llegar.
•  Escuchar tus ideas acumuladas en el periodo de actividad. Esta fase es un buen momento para volver a leer y/o oír todo el material en el que hayas trabajado hasta ahora.

Espero que esta colección de consejos te ayuden a prevenir una lesión, o a vivir el proceso de recuperación como una oportunidad de crecer y diversificarte en otros sentidos. Todo depende de la perspectiva que adoptes. Te deseo la mejor de las suertes.

 

3 pensamientos en “Lo que aprendí de la tendinitis

  1. Para mi, estirar y la alimentacion, además de la postura son esenciales para no tener lesiones. Yo además de la guitarra uso ejercicios de yoga y primates para mejorar mi el estado de salud de mis articulaciones.

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